Planet Terror: Nuestra Vida Hoy en Venezuela

Hay ciertas cosas en mi vida de las que nunca podré escapar y utilizo esta última palabra con el significado de fuga. Salir corriendo de algunas situaciones en la vida es algo que muchos quisiéramos hacer pero condiciones como ser venezolana no es una de las que nos permitamos huir. Así me mude al norte de China donde tenga otras preocupaciones territoriales y la religión consuma mi vida, mi mente siempre se ocupará con el pensamiento de Venezuela. Si algo saqué de provecho en la era del chavismo fue la disección histórica del momento actual como un hábito y las implicaciones que cada acontecimiento conlleva, en tiempo real. Dudo que de otra manera yo me hubiese preocupado por tales cuestiones.

Lo que no me atreveré nunca a poner en duda es las consecuencias que trae la crisis a nuestras vidas. Desde aprender a rendir la comida hasta encontrar nuevas formas de explotar el potencial profesional y las oportunidades que se nos presentan. Muchos venezolanos aprovechan esas oportunidades fuera de Venezuela y otros, como yo, aprendemos a hacerlo con y a pesar de las limitaciones que significan vivir aquí en el país del terror. Por ejemplo, este blog es el comienzo de una oportunidad de crecimiento profesional (aunque todavía en construcción) y desde aquí expreso mi preocupación por la situación de hoy,19 de abril del 2017.

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Imagen sacada de twitter

Muchas marchas han pasado, muchas oportunidades de expresar el descontento con represión incluida, muchas veces en las que he desgastado mis uñas sin resultado y ninguna de esas veces ha sido distinto: las protestas siempre generan angustia, siempre se quiere que el resultado sea otro, como partidaria de la oposición, al menos. Todos los que adversamos las políticas del chavismo quisiéramos, por la partida chiquita, que Maduro renunciara y se fuesen todos sus simpatizantes a otro planeta si fuese posible. Un planeta como el de Robert Rodríguez donde existe toda la violencia que ellos disfrutan vivir a diario y hasta tendrían una prostituta con un arma por pierna, aunque creo que Rose McGowan sería mucha mujer para los chavistas así que la alegoría no quedaría bien hecha.

Ese planeta al que el chavismo tiene sometida Venezuela es el mismo en el que me encuentro encerrada. Si mis amigos en el exterior no pueden hacer por la marcha en Venezuela sino acompañar en espíritu desde otras latitudes haciendo otras marchas, algunos de los que quedamos aquí, viéndonos en una circunstancia particular, nos sentimos impotentes al no podernos hacer sentir caminando. Las amas de casa que no pueden abandonar su hogar ni sus hijos, los que están forzados a trabajar por la crisis y, como es mi caso particular, los que nos encargamos de criar a la generación de venezolanos que verá este oscuro episodio de la historia del país como un bache en el pasado del que hay que aprender. Quizás suene como disculpas y quizás sí lo sea. No hay nada que me frustre más que no unirme a las exigencias de las que me siento parte, a las exigencias de las cosas que yo también sufro ausencia, al grito de quienes sufren conmigo.

Hasta el más desentendido de la política lleva su cuota de angustia cada vez que se convoca una movilización. Es muy difícil sufrir los embates de la crisis y no querer decir nada pero aún así hay gente que se las arregla. Por esas personas, hay muchas voces que quieren hablar en estos momentos, personas que se están preparando para expresar su opinión, palabras que se hacen sentir al menos en un par de mentes y eso es lo que procuro con estas líneas. Si las protestas no van a hacer nada, que más personas se enteren de lo que nos aqueja, de lo que nos hace llevarnos las manos a la cabeza todos los días pensando qué vamos a hacer.

Elías, mi hijo, tiene un año y un poquito más, no habla pero lo entiende todo, corre todo el día y come como un niño de 10 años. Elías tiene dos dedos de leche en polvo y, a Dios gracias, unos padres que se las inventaron para que al fin la familia no se estancara en la mengua, además de familiares y amigos que lo han querido hasta su bienestar, lo que no es el caso de muchos niños en el país y por eso y muchas otras razones es necesario que todas las voces posibles sean escuchadas y leídas por todas las mentes posibles, que nuestro mensaje atraviese las fronteras. Ese es el objetivo de la marcha, a mi parecer, y en mi imposibilidad de acompañar con mis piernas, acompañaré con mis ideas la causa venezolana que no es otra que la dignidad.

Sepámonos dignos, esa es nuestra exigencia. Gritemos nuestro descontento por ser humillados todos los días, que nuestros coterráneos también merecen dignidad y aquellos que buscan arrebatarnos nuestra humanidad sean desterrados a su planeta del terror y la violencia. Aquí no vamos a comer flores pero el que se quiera comer las isoras de mi jardín que me avise y yo se las doy.

Como siempre dicen las mamás y yo, haciendo honor a mi más reciente título, lo diré como un consejo conclusivo: Mijos, no se dejen joder. Hagan lo que sea por no dejarse joder.

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