Scriptum causa

Hace poco mi amiga Ana Patricia publicó una entrada en su blog en el que hablaba del motivo que nos mueve a escribir y llevar un blog. Recordé que en mis primeros años universitarios solía llevar un blog de recortes en el que publicaba mis escritos literarios con un tema bastante crudo. Eran mis primeros intentos en la escritura donde procuraba conocer mi voz, mi tono y en el que no había definido mi motivo pero estaba claro.

Quien quiera dedicarse a la escritura debe encontrar sus motivos.

Ninguna palabra debería emitirse sin esfuerzos previos. Al menos ese es el ideal de quienes nos sentimos apasionados por sus formas, música y función. Mis motivos primarios al comenzar a publicar contenido en un blog respondían más a disfrutar el lenguaje aunque no tanto de su función. En la universidad aprendí a amar las expresiones más altas del lenguaje en vez de buscarles sólo la función así que tuve un buen tiempo admirando cómo se escribían las cosas, cómo se decían, como decía Capote “la música perfecta que hacen las palabras”. Luego, aprendí a apreciar la correcta amalgama: Lo que comunicamos y cómo lo hacemos.

La razón de este blog viene siendo un esfuerzo por comunicar algo. Importante o no se verá más adelante en el camino. Lamentablemente no le hago caso a Fitzgerald y escribo sólo por decir algo, hasta los momentos, pero estoy segura de que tengo algo que decir.

Como venezolana mi voz se ha escuchado. En mis esfuerzos por hacer viral una campaña de funding utilicé las palabras que creí cumplirían ese objetivo, y lo hicieron (aunque no de la manera que quería). Medios internacionales se acercaron a mí para hablar de mi campaña y las visitas de mi blog se dispararon. Algo escribí que captó la atención de la gente.

Lo único negativo de esta campaña es que el beneficio sólo lo obtengo yo (y mis allegados) pero al escribir un texto que genere impacto, el beneficio es para ambos, lector y autor. Disfrute, desahogo, aprendizaje, negocio. Algún beneficio debe surgir de ser capaces de comunicarnos. Luego de todo eso supe que debía aclararle a quien me lea los motivos reales de este blog.

Encontrar una mina de oro

Comunicarse sin interlocutor debe ser la forma más narcisista del lenguaje. Lo admito porque releo cada entrada que escribo una y otra vez para conocerme a mí misma. Encontrar el verdadero motivo de la escritura debe ser como encontrar un recurso valioso que puede ser explotado hasta el cansancio luego.

Con mi blog anterior nunca logré prosperar. Mis intentos por disfrutar del lenguaje literario se veían opacados por mi cotidianidad y el desgano. No obtenía ningún beneficio de ello y lo dí por abandonado. Aún me arrepiento pero al revisarlo me doy cuenta que debí enfriarlo: La escritura también debe tener un período de reposo.

Aunque todavía no estén claros los motivos y siempre pueden variar, las cosas se ven más claras desde aquí cerca.

Un blog no puede seguir existiendo si no existe la motivación necesaria: Financiera, espiritual, literaria, afectiva o cualquier otra razón. Todas son válidas en la empresa de escribir. Para comunicarnos sólo necesitamos la vía y la disposición, ya la vía está. Mis razones particulares se esparcen a lo largo de mis entradas pero también vale citar a Flannery O’Connor:

“I write because I don’t know what I think until I read what I say.”

Escribo porque no sé lo que pienso, hasta que lo leo lo que dije.

Escribir o cazar mariposas

Supongo que, para mí, escribir se vuelva una especie de caza de mariposas, en donde mis pensamientos voladores se rehúsan a ser atrapados y el lenguaje escrito es la única forma que tienen de encontrar paz.

Experiencias previas en la vida me han demostrado lo rápido que puede volar un pensamiento y qué tanto se puede confundir con otro así que, en el andar de la escritura, las palabras encuentran una quietud que les permite reflexionar sobre sí mismas. Aunque esto no pasa en la lectura, donde mi mente vuela aún más rápido con pensamientos de diferentes vuelos.

Escribir o pasar por debajo

Nunca he sido una persona de mucho hablar. Hablo tan poco que cuando lo hago se me enreda la lengua y pierdo toda elegancia. Escribir es, quizás, la única forma que existe para mí de encauzar el algo que tengo que decir.

Mi país, Venezuela, está pasando por una crisis terrible. Una crisis que me está haciendo pensar es el detonante de muchos refugiarse en el lenguaje. Necesitamos saber qué pasa, cómo pasa, qué pensamos sobre eso y el lenguaje es nuestro único salvador, nuestro grito de auxilio. La vía que escogí llevando un blog me permite decir lo que se debe y que sea accesible a los demás.

Escribir para ser libre

Virginia Woolf escribió en Una Habitación Propia

“Lock up your libraries if you like; but there is no gate, no lock, no bolt that you can set upon the freedom of my mind.”

y yo le hago eco. No hay nada más liberador que poder admirar a las mariposas inquietas del pensamiento, disfrutarlas y desechar los cerrojos. Si no escribiéramos, quién sabe qué sería de nosotros, quién sabe a dónde fuesen a parar todas las ideas que albergamos, buenas o malas, pero que desean salir o quedarse, ser libres o encerrarse; ideas que desean tomar su propio camino.

Si no puedo ser libre en las calles por muchas y varias razones, la libertad de mi mente necesita saber de qué va y escribir es el único canal que conoce.

Cuál sea la razón de cómo sea que nos queramos expresar, la vía está disponible para mí y eso era todo lo que deseaba. Toda mi vida he querido escribir y ya es hora de poderlo aprovechar.

Como Bartleby, preferiría no hacer muchas cosas más que dedicarme a escribir.

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